El uso de narcocorridos e influencers en el narcotráfico mexicano nos debe abrir la pregunta: Cupal es la razón de tanto asesinato de influencers y cantantes de narcorridos los últimos meses en México, especialmente los que surgen de Sinaloa. Según estadísticas recientes, se ha registrado un aumento del 30 % en los homicidios de figuras públicas del género en comparación con el año anterior, lo que subraya la gravedad de este fenómeno.
Una de las teorías más discutidas sugiere que estos crímenes están relacionados con la lucha por el poder entre cárteles, donde los narcocorridos sirven como una herramienta para difundir mensajes y reafirmar lealtades. Esta intersección entre la música y la violencia ha captado la atención nacional.
Además, la presencia de influencers en redes sociales amplifica la exposición de estos artistas, convirtiéndolos en figuras de enorme influencia. Esta visibilidad a menudo los pone en la mira de los cárteles, que pueden ver en ellos una amenaza o una oportunidad para establecer una narrativa favorable a sus intereses.
Hay teorías que van más lejos, que proponen que los cárteles están utilizando la música como propaganda para atraer a nuevas generaciones, normalizando la violencia y el narco estilo de vida.
Disputando la “fuerza de trabajo joven” a través de los influencers y narcocorridos
Actualmente, en México hay una pelea violenta entre dos grandes cárteles. El de ”Los Mayitos”, que son los hijos de Ismael “El Mayo” Zambada, y el de “Los Chapitos”, que son los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, recrudecido por el secuestro del Mayo Zambada para su traslado a Estados Unidos.
Por tratarse de jóvenes de 40 años y menos: ¿Pudieron haber “conectado” conductualmente con los nuevos narcojuniors, aspirantes a narcos y su glamour? Por ejemplo, se podrían observar comportamientos como la ostentación de lujos a través de redes sociales, la idealización de un estilo de vida basado en el dinero fácil y la falta de escrúpulos, o la celebración de fiestas exclusivas donde se exhiben símbolos de poder y riqueza asociados al narcotráfico.
Además, el uso de un lenguaje que romantiza la vida del narcotraficante o la normalización del consumo de drogas en su círculo social también podría ser indicativo de esta conexión.
Es posible, acentuado con la influencia de las redes sociales, magnificado con el dinero, status y un modo con aspiraciones de vida.
Los narcocorridos aderezan la combinación cruda de fenómenos sociales, porque su existencia sirve para amarrar esas lealtades y hacer héroes a los jóvenes narcojuniors.
¿Cuál es el Resultado?
La idealización es decisiva para saber a qué grupo te incorporas. Influencers financiados por un cártel u otro y los éxitos musicales definen quién es más fuerte. Así como un joven de Guadalajara tiene que decidir entre Atlas o Chivas, o un capitalino entre Cruz Azul, Pumas y América, un joven sinaloense tiene que decidir entre Los Mayos o Chapitos.
Es ahí donde se vuelve vital el tipo de música que escuchan. ¿A quiénes enaltecen los artistas famosos, a cuáles líderes de un cártel y cómo sus letras muchas veces glorifican el tráfico de drogas? Este fenómeno musical no solo refleja, sino que también moldea las aspiraciones de la juventud, creando un ciclo de idolatría que resulta difícil de romper.
Estos jóvenes, atraídos por la emoción del narco y la fama, se ven seducidos no solo por la música, sino por el estilo de vida que promueven. Un claro ejemplo de esto es el narcocorrido “El Chapo” de Los Tigres del Norte, que glorifica la vida de los narcotraficantes, haciéndola parecer heroica y emocionante. Así, los narcocorridos y los influencers se entrelazan, creando una cultura donde la delincuencia se convierte en sinónimo de éxito y reconocimiento.
A medida que los influencers despliegan ante nosotros sus vidas repletas de opulencia y despreocupación en redes sociales, el eco hipnotizante de los narcocorridos reverbera con mayor fuerza en la cultura juvenil.
Las nuevas generaciones, cautivadas por esta fascinante amalgama, encuentran en sus letras un seductor pasadizo hacia la aceptación y el éxito, dejando tras de sí un rastro de sombras y graves consecuencias que el narcotráfico arrastra en su estela.
Además, las plataformas digitales como YouTube, Spotify y TikTok han amplificado este fenómeno, permitiendo que los narcocorridos lleguen a audiencias más amplias. Esto no solo aumenta su popularidad, sino que también normaliza la narrativa del narcotráfico, creando un entorno donde las acciones ilegales son vistas con una mezcla de admiración y entretenimiento.
Esto plantea una gran preocupación sobre la influencia de la música y las redes sociales en la juventud. Según un estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más del 30 % de los jóvenes entre 15 y 29 años se sienten atraídos por la representación glamorosa de estilos de vida criminales en las redes sociales.
Además, investigaciones de la Universidad de Harvard han demostrado que el 40 % de los adolescentes ve como positivo el comportamiento delictivo presentado en ciertos géneros musicales, lo que puede llevarles a adoptar estilos de vida asociados con el crimen, sin comprender el daño que estos ideales pueden causar a la sociedad en su conjunto.
El impacto de estas representaciones en la cultura popular es innegable. Los narcocorridos, aunque musicalmente atractivos, perpetúan estereotipos perjudiciales y fomentan una percepción distorsionada de la realidad.
Ejemplos como “La Puerta Negra” de Los Tigres del Norte y “Back in the Day” de Los Buknas de Culiacán ejemplifican esta problemática, ya que en sus letras se glorifica la vida de los narcotraficantes, presentándolos como figuras heroicas y deseables.
Décadas de corridos crearon una corriente musical estelar en México
En “La Puerta Negra”, la narrativa describe la valentía y el sacrificio en un contexto de crimen, sugiriendo que la vida del narcotraficante es sinónimo de poder y amor. Por otro lado, “Back in the Day” evoca una nostalgia por un estilo de vida vinculado al tráfico de drogas, romantizando la cultura delictiva y ocultando sus consecuencias devastadoras.
Además de los narcocorridos, los influencers de redes sociales como “Markitos Toy” y “El Pirata de Culiacán” (Juan Luis Lagunas Rosales) también han jugado un papel crucial en esta glorificación del narcotráfico. Por ejemplo, Markitos Toy frecuentemente comparte videos en los que aparece rodeado de lujosos autos deportivos y en fiestas opulentas, mostrando un estilo de vida que atrae a sus seguidores.
En una de sus publicaciones más virales, presumió de una fiesta privada en la playa, con una decoración extravagante y modelos, enviando el mensaje de que este estilo de vida es lo que define el éxito.
De igual forma, El Pirata de Culiacán publicaba contenido de una supuesta compra de una mansión ostentosa y su colección de relojes de lujo, insinuando que este tipo de posesiones son el resultado de un camino hacia la grandeza. Estas publicaciones pueden parecer atractivas, pero en muchos casos están entrelazadas con actividades ilegales y peligrosas. Esta dualidad refuerza una percepción distorsionada del éxito y la felicidad.
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