La Falla de San Andrés es uno de los mitos más grandes de la sismología y la geología terrestre. Su estudio ha sido limitado y las preocupaciones por su posible actividad han generado desde leyendas urbanas hasta películas, pero ¿realmente qué es y por qué espanta tanto a geólogos y científicos?

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Esta deformación deformación geológica recorre alrededor de 1 mil 300 kilómetros entre California, Estados Unidos, y Baja California, México, y su existencia constituye uno de los fenómenos geográficos más interesantes del planeta, al ser un potencial riesgo de desprendimiento de masa continental.

Por esa misma razón, la Falla de San Andrés es conocida por producir terremotos de gran intensidad, pues se encuentra en el límite de las placas Norteamericana y del Pacífico y desplazándose a una velocidad de 4.6 centímetros por año, que es una velocidad imperceptible para el humano, pero que ocasiona graves daños a la infraestructura ubicada alrededor de la falla.

Contrario a lo que se piensa, la falla se encuentra generando actividad sísmica constantemente a lo largo de sus 1 mil 300 kilómetros. Sin embargo, el riesgo que se ha encontrado en ella radica en la parte sur de la misma, que está ubicada cerca de las metrópolis californianas, Los Ángeles y San Francisco.

En 1906, un sismo de 7.8 grados en escala Richter ocasionó la destrucción de gran parte de la infraestructura de la ciudad y la muerte de alrededor de 3 mil personas.

La preocupación de sismólogos y geólogos radica en la forma cícilica que esa falla ha despertado sismos de gran intensidad en esa zona, con una periodicidad aproximada de 150 años. (Vía: Ciencia UANL)

A este próximo posible gran evento, los expertos de la materia lo han denominado “The Big One”, y durante años se han preparado medidas de contención a riesgos y daños que pudiera provocar este evento, del que no hay certeza de que ocurra o cuándo lo haría.

La Falla de San Andrés es una de las fallas geológicas más importantes del planeta y el mito que existe alrededor de él se centra en la posibilidad que tendría de impactar a ciudades con grandes poblaciones, sin embargo, es solamente un fenómeno natural como cualquier lago, volcán o cordillera.

Su actividad parte de su misma naturaleza y la existencia de sismos es inevitable, como demuestran los ocurridos en los pasados días en Los Ángeles.