BUENAVENTURA, COLOMBIA.- Dependiendo el sector en el que nos encontremos podemos tener distintas lecturas sobre la situación del país y del mundo respecto a la inseguridad y el crimen.

Un ejemplo de esto es la Iglesia Católica pues, en julio del 2018, el Papa Francisco aseguró que ‘el diablo castiga a México’.

Pensando en esto, un obispo de la ciudad de Buenaventura, en Colombia, propuso practicar un exorcismo masivo a su ciudad desde un helicóptero.

Se trata de Rubén Darío Jaramillo Montoya, quien declaró sus intenciones para arrojar agua bendita a la ciudad como forma de combatir la inseguridad que se vive en esa zona.

«Tenemos que echar al demonio de Buenaventura para ver si podemos restaurar la paz y la tranquilidad en nuestra ciudad”, comentó Jaramillo Montoya.

«La sangre ha corrido por las calles”, afirmó Jaramillo, quien vestía hábito y llevaba un crucifijo alrededor del cuello durante su recorrido por la ciudad frente a la costa del Pacífico.

El obispo Rubén Darío Jaramillo Montoya viajó el sábado a bordo de un camión de bomberos a algunos de los barrios más violentos en Buenaventura, rociando agua que había bendecido en su intento por frustrar a las pandillas del narcotráfico y otros grupos delictivos.

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El recorrido en ocasiones se tornó festivo a pesar de la solemnidad del mensaje.

Jaramillo se detuvo para bendecir a un grupo de niños en uno de los barrios y el camión de bomberos en que iba fue adornado con globos verdes y amarillos.

Agregó que la ceremonia tenía el objetivo de mostrar solidaridad hacia las comunidades afectadas y advertir a los grupos criminales que “no pueden destruir la vida de una comunidad, nosotros estamos unidos”.

Pandillas rivales luchan por el control del narcotráfico en Buenaventura que, desde el año pasado, ha experimentado un aumento de homicidios, violaciones, secuestros y desapariciones, según Jaramillo. El obispo subrayó que las fuerzas de seguridad y los tribunales trabajan para reducir el caos de la ciudad, pero que sus ciudadanos no pueden esperar y deben apoyarse entre ellos de cualquier manera posible.

«El dolor de uno tiene que ser el dolor de todos”, dijo Jaramillo, obispo de Buenaventura desde hace dos años. “No tenemos miedo”.