AGENCIAS.- Miles de extraños fueron a despedirse de una mujer que fue asesinada en un tiroteo masivo en El Paso después de escuchar que a su compañero de muchos años le quedaban pocos miembros de la familia.

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Antonio Basco había dicho a los periodistas que se sentía solo al planear el funeral de Margie Reckard, una de las 22 personas asesinadas cuando un hombre armado abrió fuego en un Walmart el 3 de agosto.

Basco casi no tiene familia, así que invitó al mundo a unírsele para recordar a la que fue su compañera por 22 años.

Antonio Basco


Pensó que podría obtener algunos simpatizantes de El Paso. 

Entonces, las flores comenzaron a llegar.

Luego, el funeral tuvo que cambiar de lugar.
Los visitantes
La gente vino de California, Arizona, Texas, Nuevo México, incluso desde México.

Se formaron en fila durante horas el viernes para el funeral de Margie Reckard, luego, el sábado esperaron pacientemente bajo el calor mientras Antonio Basco, su esposo, la enterraba.

Pocos de los asistentes habían conocido a Reckard, pero casi todos coincidieron en que El Paso necesitaba ver cómo use unían aquellos que sufren.

Jordan Ballard, de 38 años, de Los Ángeles, dijo que vivía en la ciudad de Nueva York cuando sucedieron los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y en la ciudad de Oklahoma durante el bombardeo de 1995.



Después de leer sobre Basco en línea, compró un boleto de avión el jueves.

"La idea de que él viviera esto solo me hizo venir", contó.

"Sé que si yo hubiera muerto, mi familia se tenían los unos a los otros".

Angelique Tadeo, de 52 años, su esposo, Paul, de 69 años, y su nieta de 3 años, condujeron más de cuatro horas desde Tucson, Arizona.

Tadeo trabajó como enfermera y trató a las víctimas durante el tiroteo de 2011 en Tucson que dejó seis muertos.

"Sabemos por lo que está pasando la ciudad y queríamos estar aquí", dijo Tadeo.
Míranos
Tan pronto como obtuvo los detalles del funeral, Jerry Brown, de 58 años, de San Angelo, Texas, subió a su automóvil y condujo 644 kilómetros en seis horas.

"En el ejército, tenemos este dicho: No dejamos atrás a las personas", manifestó Brown, un veterano de guerra.

"No importaba dónde estuviera. Sabía que iba a venir aquí hoy".

Llegó a la ciudad, hizo cola durante horas para presentar sus condolencias y planeaba conducir toda la noche de regreso a casa, pero se detuvo un momento para mirar a la multitud de extraños que habían formado una línea que daba la vuelta a la manzana y entraba en el distrito histórico de Manhattan Heights.

"Esto es increíble", dijo Brown.

"Esto es El Paso, hermano", señaló Jerry Medina, de 42 años, oriundo de esta ciudad, vestido con un traje negro y rojo, cuando se le preguntó sobre la multitud.

Se sacudió las temperaturas de 38 grados centígrados y lució un traje similar al día siguiente del entierro.

"Realmente me sentí mal por ese hombre", dijo Medina.

"Nuestro amor es por él. Con suerte, él superará esto".
Amor eterno
Isabel Regalado, de 27 años, abrazó a su hijo de 10 meses mientras hacía cola durante más de dos horas con su esposo, Esteban Soliz.

"Mientras conducíamos hacia acá, comencé a llorar", contó Regalado.

"Es hermoso".

La familia se dirigía al centro comercial donde el atacante abrió fuego aquel día. Regalado se detiene antes de continuar la historia, conteniendo las lágrimas.

Una banda de mariachis comienza a tocar para las personas en la fila. Algunos aplauden. La banda toca canciones reconocibles para muchos en El Paso.

Luego, los músicos cruzan la calle y tocan "Amor Eterno'', la canción del difunto Juan Gabriel que se ha convertido en un himno de la ciudad en los días posteriores al tiroteo.

"Cómo quisiera que tú vivieras, que tus ojitos jamás se hubieran cerrado nunca y estar mirándolos", cantaban.

Los labios de una mujer en línea tiemblan. Finalmente se derrumba y se aleja. Otra mujer se ofrece a mantener su lugar en la fila.

Emma Portela, de 81 años, que llegó desde Chihuahua, México, niega con la cabeza.

"Esa canción tiene mucho poder en este momento", dice.
El camino por delante
Glen Blasdel, de 83 años, solo, fue uno de los primeros en la fila.

"Sé lo que es no tener familia", compartió Blasdel, veterano de la Guerra de Vietnam que llegó desde Las Cruces, Nuevo México.

Momentos antes de enterrar a su compañera, Basco habló con los periodistas.

"Mi vida ya no está completa", dijo.

Pero cuando miró hacia afuera y vio una multitud de 3 mil personas el viernes estaba asombrado.

"Es lo más hermoso que he visto en mi vida", indicó.

En los próximos días, Basco planea mantenerse en contacto con nuevos amigos y descansar.

Todavía le habla a Reckard como si ella estuviera en la habitación.

"Ella amaba El Paso. Le hubiera encantado esto", dijo.