Marcha 8M Tijuana fue el centro de una movilización feminista que reunió a más de 2 mil 500 mujeres este sábado en la Zona Río, donde colectivas, madres buscadoras, activistas e infancias salieron a las calles para exigir justicia, seguridad y un alto a la violencia de género en Baja California.
Las concentraciones comenzaron alrededor de las 11:00 de la mañana sobre la avenida Paseo de los Héroes. Desde distintos puntos de encuentro, las asistentes prepararon pancartas, bordaron mensajes y compartieron consignas en memoria de mujeres víctimas de violencia, feminicidio y desaparición.



Uno de los primeros espacios de actividad fue la explanada del Centro Cultural Tijuana, donde personal colocó una ofrenda con flores y mensajes bordados por mujeres. Otro punto clave fue el Monumento a México, conocido como “Las Tijeras”, donde varias colectivas se organizaron antes de iniciar el recorrido. En esa misma zona, integrantes de Mujer Lunar realizaron una actividad para visibilizar temas de menstruación y salud menstrual, una agenda que también forma parte de los derechos de las mujeres.
Marcha 8M Tijuana: memoria, protesta y exigencias
La Marcha 8M Tijuana avanzó después de las 14:00 horas, cuando los contingentes comenzaron a caminar por Paseo de los Héroes rumbo a distintos puntos de la Zona Río. En el recorrido participaron colectivas feministas, familias de víctimas y madres buscadoras que llevaron al espacio público sus exigencias de verdad, justicia y no repetición.
Entre ellas estuvo Paula Patricia López, madre de Paula Jerenia Osuna, joven de 25 años desaparecida y víctima de feminicidio. La madre recordó que su hija fue vista por última vez el 12 de diciembre de 2025 en la colonia Terrazas del Valle II y reiteró su exigencia de justicia en el marco del Día Internacional de la Mujer.
La presencia de madres y familiares marcó uno de los momentos más significativos de la jornada. Sus voces colocaron en el centro una realidad que atraviesa a Tijuana y al estado: la violencia feminicida, las desapariciones y la deuda institucional con quienes siguen buscando respuestas.


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Colectivas, madres buscadoras y demandas en las calles
Durante la movilización se registraron pintas e intervenciones en distintos puntos del trayecto, como la glorieta Cuauhtémoc, estaciones del Sistema Integral de Transporte y la glorieta Abraham Lincoln. Más adelante, el contingente llegó a las instalaciones de la Fiscalía General del Estado, donde algunas manifestantes realizaron pintas, colocaron carteles y lanzaron pintura roja sobre la fachada.





También hubo daños en vidrios y mobiliario tanto en ese edificio como en un inmueble contiguo al Tribunal Superior de Justicia de Baja California. Posteriormente, la protesta se dirigió al Palacio Municipal de Tijuana, que permaneció resguardado por mujeres policías municipales.
Leer estos hechos solo desde los daños materiales deja fuera el sentido de fondo de la protesta. En contextos de violencia estructural contra las mujeres, las intervenciones a edificios públicos suelen ser una forma de denunciar la falta de respuesta institucional frente a feminicidios, desapariciones, agresiones sexuales y violencias cotidianas que siguen sin resolverse.



Marcha 8M Tijuana y el peso físico y emocional de la exigencia
En las inmediaciones de la Fiscalía, Paula Patricia López se desvaneció y tuvo que ser atendida por paramédicos de la Cruz Roja Mexicana. Después fue trasladada a un hospital para recibir atención médica. El momento reflejó también la carga física, emocional y psicológica que enfrentan las familias que sostienen búsquedas, denuncias y exigencias de justicia.
La Marcha 8M Tijuana concluyó tras varias horas, cuando los contingentes regresaron al Monumento a México y comenzaron a dispersarse. La jornada dejó imágenes de memoria, rabia, organización y denuncia en una ciudad donde las mujeres siguen tomando el espacio público para recordarle a las autoridades y a la sociedad que la violencia de género no es un tema resuelto.


Más allá del número de asistentes o del saldo material, la movilización volvió a mostrar que el 8M en Tijuana es también una cobertura de ausencias: las de quienes fueron asesinadas, desaparecidas o violentadas, y las de instituciones que siguen sin garantizar verdad, justicia y reparación.








