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Entretenimiento

El Nico en Tijuana: teatro sobre calle, afecto y supervivencia

El Nico en Tijuana, dirigida por Daniel Serrano, aborda la vida en calle desde el afecto, la humanidad y una historia íntima que ha conectado con el público.

Alejandra Guerra27 de marzo de 2026Entretenimiento

El Nico en Tijuana volvió a colocarse en la conversación cultural de la ciudad tras sus funciones de marzo en el Foro Experimental del CEART, donde la obra dirigida por Daniel Serrano presentó una historia centrada en la vida de personas en situación de calle, la necesidad de compañía y los vínculos que se construyen en medio de la precariedad. La puesta en escena formó parte de la agenda cultural oficial del estado y se presentó el 25 de marzo de 2026 a las 19:00 horas en el CEART Tijuana.

La obra es producida por la compañía DRAMARED y tiene a Daniel Serrano en la dirección. En la promoción oficial del CEART fue presentada como una propuesta teatral contemporánea, mientras que en notas recientes sobre la puesta en escena se ha destacado la respuesta emocional del público, especialmente por la manera en que el montaje obliga a mirar con más atención a quienes suelen quedar reducidos al paisaje urbano.

Más allá de una lectura exclusivamente social, El Nico se sostiene en una historia íntima. El propio Serrano ha explicado que la obra coloca en el centro la humanidad de sus personajes y su necesidad de afecto, un elemento que ha sido clave en la reacción del público. En ese enfoque también pesa el trabajo actoral de Felipe Tututi y Marvel Génesis, quienes encarnan a los personajes que dan cuerpo a esta relación marcada por el abandono, la conversación y la posibilidad de acompañarse.


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El Nico en Tijuana: Daniel Serrano y DRAMARED

El Nico en Tijuana parte de un entorno reconocible para la ciudad fronteriza: la calle, la línea internacional, los espacios donde muchas personas sobreviven fuera de la mirada cotidiana. Desde ahí, la obra no plantea una historia de distancia, sino de cercanía. Su apuesta está en mostrar que detrás de cada cuerpo que habita la calle hay memoria, pasado y una necesidad básica de ser visto. Esa lectura ha sido uno de los puntos más comentados tras las funciones recientes.

En la agenda cultural oficial de Baja California, El Nico en Tijuana apareció como parte de la programación teatral de marzo, con admisión general de 200 pesos en el Foro Experimental del CEART. Esa presencia en la cartelera confirma que la obra no solo ha encontrado eco entre el público, sino también dentro de los espacios institucionales dedicados a las artes escénicas en la entidad.

Otro elemento importante en El Nico en Tijuana es su origen dramatúrgico. Daniel Serrano ha contado que el personaje nació años atrás en otra de sus obras, El cazador de gringos, y que con el tiempo evolucionó hasta convertirse en protagonista de una historia propia. Ese proceso le dio a Nico un desarrollo más profundo y permitió construir una pieza centrada en el afecto en condiciones extremas.

De qué trata la obra El Nico

La historia gira en torno a Nico y Susanita, dos personajes en situación de calle que encuentran en el diálogo una forma de sostenerse. Lejos de una mirada que solo subraye la marginalidad, la puesta en escena trabaja desde el vínculo entre ambos y desde la manera en que el afecto puede convertirse en refugio. Serrano ha definido la obra como una historia de amor en condiciones extremas, donde los personajes se salvan mutuamente a través de la palabra y la compañía.

La apuesta funciona porque no convierte a sus protagonistas en símbolos abstractos. Los vuelve personas concretas, atravesadas por abandono, deseo de pertenencia y necesidad de ternura. Ese enfoque ha sido parte de la recepción del público tijuanense, que ha conectado con la obra desde un lugar emocional antes que discursivo.

El Nico en Tijuana y la mirada sobre la calle

El Nico en Tijuana también abre una conversación sobre cómo se representa la vida en calle dentro del teatro local. La frontera, la migración, la exclusión y la supervivencia han sido temas recurrentes en la producción cultural de la ciudad, pero esta obra los aborda desde un tono íntimo y afectivo, no desde la espectacularización del dolor. Esa diferencia es parte de lo que le ha dado fuerza.

En un contexto donde muchas veces las personas en situación de calle son vistas solo como parte del entorno, la puesta en escena obliga a detenerse. No ofrece soluciones fáciles ni discursos cerrados; propone mirar de frente. Ahí está buena parte de su potencia: en recordar que incluso en los márgenes persisten el amor, la conversación y la necesidad de ser acompañado.

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