Ser víctima de acoso podría alterar al cerebro adolescente

ESTADOS UNIDOS | SALUD | | DOMINGO 30 DE DICIEMBRE DEL 2018 A LAS 3:44 PM

 

Los investigadores no están seguros sobre si el encogimiento cerebral de los adolescentes víctimas de acoso es permanente

 

Los adolescentes que son víctimas frecuentes de acoso (también conocido como hostigamiento) podrían sufrir un encogimiento en partes clave del cerebro, lo que aumenta el riesgo de enfermedad mental, informan unos investigadores europeos.

 

Dijeron que ese encogimiento al final parece crear una creciente sensación de ansiedad, incluso tras tomar en cuenta el inicio posible de otros problemas de la salud mental, como el estrés y/o la depresión.

 

"No sabemos qué tan temprano en la vida comienzan estos cambios en el cerebro", señaló la autora del estudio, Erin Burke Quinlan. "Pero mientras más pronto se identifique el acoso, y antes se afronte, mejor".

 

Su equipo analizó los escáneres cerebrales de casi 700 jóvenes de 14 a 19 años de edad en Inglaterra, Irlanda, Francia y Alemania. Los adolescentes formaban parte de un proyecto a largo plazo llamado IMAGEN que está estudiando el desarrollo cerebral y la salud mental durante la adolescencia.

 

"Encontramos que la relación entre la victimización paritaria crónica (un término general que incluye al acoso) se relaciona con el desarrollo de ansiedad en parte a través de cambios en el volumen de las estructuras cerebrales", afirmó Quinlan.

 

Quinlan es coordinadora de proyecto de IMAGEN en el Centro de Neurociencia de la Población y Medicina de Precisión del Colegio del Rey de Londres.

 

Los investigadores no están seguros sobre si el encogimiento cerebral de los adolescentes víctimas de acoso es permanente, o si podría ser reversible.

 

"Tendríamos que seguir a los adolescentes hasta la adultez para comenzar a responder esa pregunta", dijo Quinlan. "En este estudio no observamos los cambios en la actividad cerebral, que podría ser un mecanismo mediante el cual los efectos del acoso en la salud mental podrían persistir incluso si los cambios estructurales paran o se revierten".

 

Y eso, aseguró Quinlan, significa que el foco debería ser la prevención del acoso en primer lugar. "O al menos detener el acoso desde que se identifique", añadió. "Si bien la prevención conlleva recursos y educación, es probable que sea más fácil que intentar revertir los cambios en el cerebro años más tarde".

 

Quinlan anotó que hasta 3 de cada 10 adolescentes son afectados por el acoso, algunos casi a diario. 

 

Los participantes completaron encuestas a los 14, los 16 y los 19 años de edad para medir su exposición al acoso. Se realizaron escáneres cerebrales a los 14 y a los 19 años.

 

Se determinó que 36 estudiantes (alrededor de un 5 por ciento) eran víctimas de acoso crónico.

 

A los 19 años, esos adolescentes tenían un tamaño reducido en dos regiones claves del cerebro, en comparación con los 14 años de edad. Las dos regiones afectadas, conocidas como el "caudado" y el "putamen", están implicadas en la regulación de la motivación, la atención y el procesamiento emocional. Pero los investigadores solo hallaron una asociación entre el acoso y los cambios en el cerebro. 

 

Quinlan sugirió que los padres que sospechan que está ocurriendo acoso hablen con el director o el maestro de su hijo al respecto. Pero advirtió que con frecuencia las víctimas se muestran renuentes a decirle lo que está sucediendo a alguien.

 

"A veces, un niño no admite verbalmente que está siendo acosado, de forma que los padres pueden estar atentos a las pistas no verbales o a cambios en la conducta o las actitudes respecto a la escuela de sus hijos", planteó Quinlan. "Un profesional de la salud mental podría ser útil para ayudar a un niño a desarrollar herramientas para gestionar el hecho de ser víctima de acoso".

 

Quinlan y sus colaboradores presentan sus hallazgos en la edición actual de la revista Molecular Psychiatry.

 

Stephen Russell, profesor de desarrollo infantil en la Universidad de Texas, en Austin, afirmó que los hallazgos sugieren "un vínculo obvio entre el acoso, el estrés y la salud a largo plazo", y catalogó el estudio como importante. 

 

"Con algo de suerte, estos serán datos adicionales que ayudarán a cambiar la opinión de las personas que creen que el acoso es ’natural’ o una parte normal del crecimiento", añadió Russell. 

 

Dijo que la investigación debe subrayar la importancia de los esfuerzos por reducir el acoso a nivel individual y escolar. Russell apuntó que se ha probado que varias estrategias son útiles.

 

"Muchísimos jóvenes experimentan acoso y al crecer se convierten en adultos exitosos", dijo. "Aunque el acoso podría [afectar] incluso a la estructura de nuestros cerebros, eso no significa que no tengamos la capacidad de afrontarlo y compensar. Y las mismas cosas que el acoso podría cambiar, como la atención o la sensibilidad, podrían ser las cosas que las personas aprenden a utilizar a su favor". 

 

 



 
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