
Alpinistas tijuanenses en el Aconcagua logran cumbre en temporada 2025-2026
Alpinistas tijuanenses en el Aconcagua: Héctor Hugo Camarillo y Fernando Sánchez lograron cumbre en el pico más alto de América, con frío extremo y días de aclimatación.
Los alpinistas tijuanenses en el Aconcagua Héctor Hugo Camarillo Govea y Fernando Sánchez lograron llegar a la cima de la montaña más alta del continente americano, un ascenso que exige preparación física, técnica y mental por las condiciones extremas de altura y clima que se registran en la cordillera de los Andes.
El Aconcagua alcanza una altitud aproximada de 6 mil 962 metros sobre el nivel del mar y se ubica entre Argentina y Chile, dentro de una de las rutas más buscadas por escaladores de alta montaña a nivel internacional. El reto, además del esfuerzo, implica una logística compleja y decisiones constantes para priorizar la seguridad del equipo.

Alpinistas tijuanenses en el Aconcagua: historia, reto y ruta de los alpinistas tijuanenses en el Aconcagua y lo que implica para alpinistas tijuanenses en el Aconcagua
El ascenso al Aconcagua suele iniciar con varios días de caminata hasta el campamento base, donde comienza un proceso de aclimatación progresiva. En esta etapa, los montañistas realizan ascensos cortos a campamentos de altura y regresos controlados para que el cuerpo se adapte a la falta de oxígeno.
De acuerdo con lo compartido por los propios expedicionarios, el trayecto incluye controles médicos obligatorios, estancias prolongadas por encima de los 5 mil metros y un desgaste acumulado por jornadas largas, frío constante y descanso limitado. En esta temporada 2025-2026, además, se registró el fallecimiento de un alpinista extranjero cerca de la cumbre, hecho que vuelve a colocar sobre la mesa los riesgos asociados al mal de altura, la hipotermia y los cambios bruscos de clima.
En ese contexto, la preparación no se reduce al entrenamiento físico. También requiere planificación de alimentos, hidratación, monitoreo de síntomas, manejo de equipo, tiempos de ascenso y ventanas de clima. La consigna que repiten montañistas de experiencia es clara: llegar arriba importa, pero regresar con bien es la prioridad.

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Alpinistas tijuanenses en el Aconcagua: frío, altura y decisiones en cada tramo
Tras completar la cumbre, Hugo Camarillo explicó que el ascenso implicó noches en campamentos de altura y temperaturas cercanas a -37 grados centígrados, además de una carga emocional permanente al mantenerse consciente del riesgo.
En su testimonio, describió que avanzar a esa altitud se vuelve un proceso lento, donde cada paso demanda energía extra por el oxígeno reducido. En montaña, una mala decisión —por cansancio, prisa o exceso de confianza— puede derivar en accidentes, por lo que la evaluación constante del clima, el estado del cuerpo y la ruta es parte del ascenso.
“Cada paso se vuelve una lucha contigo mismo, con el frío y con la falta de oxígeno… entendiendo que la montaña no se conquista, se respeta, y que llegar a la cima es tan importante como volver a casa”, expresó Camarillo.
Aconcagua: por qué se le llama el “Techo de América”
El Aconcagua es conocido como el “Techo de América” por su altura y por ser una de las montañas más altas fuera del sistema del Himalaya. Sus rutas presentan desafíos particulares: vientos fuertes, bajas temperaturas, tramos prolongados con carga y un entorno donde el cuerpo trabaja al límite por la altitud.
Especialistas en alta montaña han señalado que, temporada tras temporada, se reportan incidentes y fallecimientos relacionados con mal de altura o hipotermia, por lo que los protocolos médicos, la aclimatación y la planeación se mantienen como factores clave para intentar el ascenso.
Héctor Hugo Camarillo Govea y Fernando Sánchez, integrantes de la asociación Montañistas y Escaladores de Baja California (MEBAC), dedicaron este logro a sus familias y destacaron que el ascenso representa un recordatorio de disciplina y constancia, dentro y fuera de la montaña.



